 |
| · · · · · · · · · |
 |
Pomona College Magazine is published three times a year by Pomona College
550 N. College Ave, Claremont, CA 91711
Online Editor: Mark Kendall
For editorial matters:
Editor: Mark Wood
Phone: (909) 621-8158
Fax: (909) 621-8203
PCM Editorial Guidelines
Contact Alumni Records for changes of address, class notes, or notice
of births or deaths.
Phone: (909) 621-8635
Fax: (909) 621-8535
Email: alumni@pomona.edu
|
 |
| · · · · · · · · · |
|
 |
 |
 |
 |
|

Extendiendo sus ramas
¿Lograron tener éxito las mellizas Jazmin y Lizbeth López en dos de los
mejores colegios de renombre y separadas por 3,000 millas de distancia?
Claro que sí lo lograron. La verdadera historia es cómo llegaron hasta
allí en primer lugar.
Por Mark Kendall
Traducción por Grace Dávila-López
En un día de brisa en la región del vino, muy propio de un panfleto para
turistas, las mellizas Jazmin y Lizbeth López se encontraban sentadas
juntas mientras aguardaban graduarse como las dos mejores estudiantes de
la Clase del 2005 en Napa High. Era un momento de triunfo, pero Jazmin
estaba tan nerviosa que ni siquiera podía escuchar los discursos. Temía
que la fueran a echar de allí.
Las mellizas habían decidido hacer una declaración cultural durante la
ceremonia. Mientras Jazmin cruzaba la tarima para aceptar su diploma fue
desenvolviendo una pancarta blanca y negra que decía: Orgullo Latino.
Lizbeth la seguía muy de cerca con una bandera mexicana. Este tipo de
cosa no le salía muy natural a las tímidas mellizas, pero lo hicieron de
todas formas, y Jazmin hasta añadió un ademán florituresco ––le tiró un
beso al público presente. Se trataba tan solo de la más reciente
sorpresa proveniente de lo que antes era una pareja predecible.
Para muchos en Napa High, la inseparable pareja era conocida simplemente
como “las mellizas” o “las hermanas López”. A la vez que tomaban las
mismas clases, servían como copresidentas del Club Hispánico, estudiaban
juntas después de las clases y también limpiaban juntas casas para
ayudar con las finanzas familiares. Las dos obtuvieron un empate al
obtener el cómputo académico más alto––4.67–– en una clase de más de 500
estudiantes, y resultaron coganadoras del mayor honor del colegio –el
premio “Indian of the Year”. A nadie le sorprendió que fueran aceptadas
a todas las universidades a las que solicitaron: Berkeley, Dartmouth,
Stanford y otras más. Jazmin y Lizbeth muy fácilmente pudieron haber ido
al mismo colegio, como hacen muchas parejas de mellizos.
Las mellizas dcidieron que de ninguna manera harían eso. De hecho, estas
mellizas fraternas, las cuales habían compartido una habitación toda la
vida, terminaron por seleccionar colegios tan apartados el uno del otro
como es posible estarlo dentro de Estados Unidos continental. Jazmin
escogió Pomona: Lizbeth escogió Bowdoin College en Maine.
¿Podrían las dos lograr éxito por su propia cuenta? Tenían algo de duda.
La historia de Jazmin y Lizbeth trata de algo más que el drama de partir
al colegio y dejar a una hermana atrás. Las hermanas, antes de lo de las
universidades, sufrieron transformaciones que las guiaron en direcciones
diferentes––y que las distingue de otras estudiantes de primer año.
Estas dos no son de las que van a volver a la casa durante el receso de
clases y escandalizar a los padres con planes idealistas de transformar
el mundo. Eso ya lo habían hecho hace años atrás.
De vuelta a la graduación: Pese a sus temores, las manifestaciones de
Jazmin y Lizbeth en la tarima, con respecto al orgullo étnico, ocurrió
sin mucha reacción. La ceremonia que se llevó a cabo en el estadio de
fútbol de la escuela superior fue muy casual a la manera californiana,
con estudiantes que al bajar de la tarima eran recibidos por una fila de
maestros –algunos de los cuales llevaban pantalones cortos y camisas de
estampados florales— que les ofrecían abrazos y apretones de mano.
Cuando las gemelas llegaron a la fila, el cariño era tan fuerte que
algunos maestros, a manera de broma, opinaron que las mellizas estaban
creando un problema de embotellamiento.
“A mí no me sorprendería nada de lo que ellas decidieran hacer—política,
leyes, prestar servicio” dijo Hilary Zunin, una maestra de inglés de
noveno grado. “A dondequiera que vayan la gente dirá: ‘Wow.’”
Después de la ceremonia, las jóvenes no asistieron a la actividad de la
noche de graduación que la escuela tenía planeada--¡costaba 50 dólares!
y se dirigieron a su hogar a celebrar junto a sus amigos y familia con
una barbacoa a la sombra de un amplio árbol de torojas. Sonaba la música
ranchera mientras disfrutaban de un festín de arranchera, bistec de
carne de costado a la parrilla sazonado con cilantro y nopales, un
platillo hecho de cactus. Papá estaba encargado de la tradicional
barbacoa a base de carbón. Mientras abrazaba a las chicas, Mamá dio un
conmovedor discurso en español: “Gracias por todo, por todo el duro
trabajo,”, dijo con lágrimas en los ojos. “Las voy a extrañar.”
continuar ...
|
|
|
 |