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Extendiendo sus ramas
Capítulo 2
UN INCREÍBLEMENTE COMPLICADO conjunto de condiciones deben unirse para
hacer del Valle del Napa el lugar perfecto para cultivar uvas vinícolas,
es un “Edén Americano”. Este valle de 30 millas se encuentra acobijado
entre la costa de temperatura demasiado fresca y el Valle Central
demasiado caluroso, lo cual provee el clima ideal para que esas uvas se
maduren despacio y a la par, de a cuerdo con los vinateros de Napa
Valley. Todo, desde poner los toldos hasta la manera en que las viñas se
recortan, es parte del proceso. Después de la cosecha viene el proceso
de aplastar las uvas, la fermentación, el embotellamiento y más. La
experimentada vinícola Cathy Corrison ’75 describe la fabricación del
buen vino como un arte y una ciencia y como algo aún más allá. “Es un
milagro”, dice. “Sin lugar a dudas”.
La historia tras el éxito de las hermanas López es igual complejo, y
casi tan alquímico como lo descrito. Por supuesto, la familia jugó un
papel importante. En la sala de estar del humilde bungaló de 1920 de la
familia López, en la cual Jazmin y Lizbeth han vivido toda la vida, hay
colgado un gran retrato enmarcado de los padres de su madre, rancheros
de México Central, cuyos ojos vivaces parecen estar velando el hogar. La
familia López raramente ha visitado San Francisco, que queda a una hora
de distancia, o los fastuosos viñedos que quedan mayormente fuera de los
límites de Napa. Pero cada año, más o menos, la familia viajaba a México
por varias semanas durante el verano para visitar el pueblo de los
abuelos en Aguascalientes, con sus calles adoquinadas, casas de adobe y
abundantes cultivos de guayaba. Se quedaban con la madre de la madre—la
de la foto de la sala—y escuchaban historias del pasado.
A su madre, María, estas estadías veraniegas, a un paso más lento le
parecían relajantes. A veces añoraba la vida sencilla de México. Al
padre, sin embargo, estos largos veranos con la familia de la esposa le
parecían aburridos. Su vida estaba en los Estados Unidos. Hacía décadas,
Rodolfo López había seguido a su padre rumbo al norte para obtener
mejores oportunidades que las que le pudiera brindar la vida en un
rancho. En Napa aprendió a pintar casas, luego hizo trabajo de plomería,
más tarde hizo trabajo eléctrico. A falta de tiempo y dinero para ir a
la escuela, aprendió inglés por su cuenta.
Mientras su madre les había enseñado a las mellizas la importancia de la
familia y las raíces mexicanas, el padre les enseñó: “Si tan sólo ponen
la mente en lo que quieren, lograrán realizarlo”, nos dice Lizbeth.
Jazmin aún recuerda a sus padres cuando le daban una barrita de caramelo
Butterfinger por obtener buenas calificaciones. “Si traíamos buenas
calificaciones” a la casa, dice Jazmin, “nosotras sabíamos que ellos
estaban orgullosos”.
Rodolfo y María López eran padres excepcionalmente involucrados, ambos
iban a las juntas de padres y empleaban ideas de cómo ayudar a las
chicas a estudiar, según dice Renee Hernández, quien ayuda a poner en
marcha Talent Search, un programa para estudiantes de bajos ingresos, en
el cual las mellizas participaron. Jazmin y Lizbeth también se
beneficiaron del ejemplo de sus dos hermanas mayores, Ana y Alma, ya que
ambas se graduaron de la Universidad de California, en Berkeley.
Aún así la familia no podía con todo. Jazmin y Lizbeth se beneficiaron
de programas gubernamentales, comenzando por el programa preescolar Head
Start. En el sexto grado las pusieron en Talent Search—Búsqueda de
Talento, con origen en el programa de los años sesenta “Guerra Contra la
Probreza”, diseñado para identificar estudiantes con potencial,
provenientes de familias de bajo ingreso, con el fin de encaminarlas
hacia una educación universitaria. Mediante Talent Search conectaron con
un programa privado llamado Summer Search—o Búsqueda de Verano—, el cual
envía a estudiantes de bajo ingreso económico, interesados en servir a
otros, en pos de aventuras de verano. Summer Search animó a las jóvenes
a explorar sus vidas interiores y a ver más allá de Napa.
“Durante ese tiempo comencé a darme cuenta que estaba bien ser yo y que
no era necesario ponerme una máscara ante la demás gente ni actuar como
ellos esperaban que yo actuara”, dice Jazmin.
El punto culminante llegó durante su segundo año en Summer Search,
cuando los participantes realizan un viaje de servicio al extranjero.
Era la vez en que este par de chicas estaría separada por mayor tiempo –seis
semanas—en sus cortas vidas.
Malcoln X influyó a Lizbeth a ir a Ghana, donde ella trabajó en un
orfelinato. La biografía de este líder de los derechos civiles le había
dejado una gran impresión, y ella recordaba el tiempo que él había
pasado en Ghana en peregrinaje hacia La Meca. Cuando Lizbeth llegó al
país africano, la barrera del lenguaje representó retos, pero ella
persistió con independencia e impresionó al grupo de jóvenes que le
acompañaba. A la vez, ella estaba impresionada con el orgullo de los
ganeses hacia su propia cultura: “Se sentían muy orgullosos de quiénes
son”. La mezcla de la pobreza material y una cultura rica le hacían
recordar a México y todos los veranos que había pasado allí mientras
crecía. “Regresé a casa y dejé que se notara mi orgullo por la herencia
mexicana”, nos dice ella.
Jazmin, por el otro lado, odió sus primeras semanas en Honduras y quería
desesperadamente regresar a su casa. Ella hablaba el idioma y tenía
expectativas de que la gente de allí sería instantáneamente cálida y
acogedora. Por el contrario, la gente indígena era callada y cautelosa.
“Yo estaba acostumbrada a mi propia cultura mexicana”, nos dice. “Demoré
tiempo en adaptarme”. Pero con el tiempo se dio cuenta de que debía de
dejar a un lado sus nociones preconcebidas e ir más allá, y comenzó a
disfrutar su trabajo de construir letrinas para las familias y de educar
a los niños en asuntos de nutrición. La experiencia la expuso a la
persistente pobreza de la región. “Sé de seguro que quiero hacer algo
para arreglar la situación” nos dice. continuar ...
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